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Blog Vivanco: #CulturaDeVino
En el blog de Vivanco, entendemos el vino como una forma de vida, desde una perspectiva innovadora y llena de energía, ofreciéndote una experiencia única en torno a la Cultura del Vino.
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Con los años he aprendido a saborear la vida, a no dejar un solo rincón sin apurar

Tiene fama de ser un gran conversador. Y francamente, más allá de los escenarios, del cine y la televisión, escuchar a Juan Echanove es como devorar la vida, y el arte, con apetito y una medida no menos importante de humor. El 9 de abril de 2016 la voz de este Premio Goya a la mejor interpretación masculina de reparto por Divinas Palabras (1987), Concha de Plata al mejor actor del Festival de Cine de San Sebastián y Premio Goya a la mejor interpretación masculina protagonista, ambas por Madregilda, renueva la savia que fluye entre las cepas, ya entrada la primavera. Es uno de los actores más familiares del panorama televisivo y cinematográfico español, y no sólo porque seguimos creciendo juntos en Cuéntame. Gracias a Un país para comérselo hemos saboreado junto a Echanove cada rincón gastronómico de España, desde casa, pero con la sensación picante de viajar con la maleta sin pausa. Y también sin prisa: para descubrir, sentir y volar por los sabores de nuestro país. Da igual si la ruta discurre por cielo, tierra o mar.

Este sábado será el protagonista de Maneras de Contar la Cultura del Vino, nuestra oportunidad para descubrir, de cerca, las distintas facetas de Juan Echanove, madrileño que abandonó la carrera de Derecho para cumplir el sueño de estudiar Arte Dramático y ser actor. Entre ellos los entresijos de la serie de TVE que sigue conquistando audiencia, su emocionado debut como cantante (nada menos que ante 30.000 personas) en Mucho más que dos, o sus anécdotas con compañeros de reparto como Concha Velasco, Pilar López de Ayala, Viggo Mortensen o Ariadna Gil. Con 13 años, al acabar la función en el teatro María Guerrero, decidió que su vida transcurriría tras el telón. Es uno de los efectos secundarios de Alberti y su obra de teatro Noche de guerra en el Museo del Prado. Cuatro décadas después, Echanove saborea con gusto el jugo de la vida, el arte, la tierra y el amor.

Nota importante. Recomendamos no leer esta entrevista con cierta sensación de hambre.

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Juan Echanove, a sorbos

Por Lali Ortega Cerón

La vista es el primer sentido que ejercitamos al catar un vino. ¿Ante qué situación has estado ciego?

Afortunadamente he cerrado los ojos muchos años a ese mandato de “entender de vino es un marchamo social” y si no tienes un lenguaje recurrente no eres nadie en el mundo de la gastronomía. He cerrado los ojos al oropel y los he abierto al alma del vino.

Los olores más evocadores para Juan Echanove

La tierra, el agua, la lluvia, el campo. El vino nace del campo y la uva capta todos los matices del terreno donde nace. También me gusta mucho, incluso fuera del vino, el olor de todo lo que fermenta. Olor de levaduras, de panadería, de obrador, ese olor fresco que tiene la vida. Ese extraño olor que tienen los bebés, la uva recién prensada… son aromas que le recuerdan a uno que está vivo.

La vida, ¿a bocados o a sorbos?

Últimamente estoy tan centrado en los sorbos, que me da miedo. (Risas). Llevo un par de años con mucha atención, con mucho interés, en cubrir mis lagunas en el mundo del vino.

Qué has aprendido a saborear con los años…

He aprendido a saborear la vida. A no dejar un solo rincón de la vida sin apurar. Adoro el sentimiento de la vida, el vitalismo. Sin duda alguna necesito cada vez más la ayuda continua que te produce una explosión de placer y de emoción en el paladar, como es la bebida.

¿Te comerías a?

No lo sé. (Risas y piensa). Me gustan los sabores naturales. Últimamente he tenido oportunidad de compartir escenario con Antonio Fraguas, Forges, y es para comérselo. ¡Me lo comería a besos!

¿Qué se te atraganta? O dicho de otra manera ¿qué cuerpos no sirven ni para un caldo?

Estoy absorto con el momento que nos está tocando vivir, con esa especie de imposibilidad de todo. Nunca serviría en mi mesa ni a un pesimista, ni a un manipulador.

Lo más rico que te han dicho

“Me gusta cómo eres”.

Confiesas que no te gusta la mentira. Alguna excepción…

Hay veces que es necesario mentir para evitarle a alguien un mal mayor. No creo en las verdades ni en las mentiras absolutas, hay que tener un cierto tacto. Una mentira piadosa es una manera de evitarle a otra un mal importante.

1987, Goya a la mejor interpretación masculina de reparto por Divinas Palabras. Dos años después, en 1993, encabezas el reparto de Madregilda, por el que ganaste la Concha de Plata al mejor actor del Festival de Cine de San Sebastián, el Premio Goya a la mejor interpretación masculina protagonista, el Premio Ondas… ¿En qué lugar “justo” sitúas los premios?

Con agradecimiento y distancia. Un premio no significa que te lo merezcas o que seas el mejor. A veces coinciden determinadas circunstancias para que salgas premiado. Uno a veces espera y no aparece ese galardón ni por casualidad. De bien nacidos es ser agradecidos y a mí no me gusta no serlo, pero vamos, ni un centímetro. El mejor de los premios en mi profesión, sin lugar a dudas, es poder ejercerla. Se recibe con mucho agrado.

Fragmento de la película Madregilda

 

Me parece muy gráfica (y gastronómica) esa expresión “huir de la espuma de la vida”… En Juan Echanove al final queda el trabajo duro y la contundencia de decir lo que piensa. Y que los amigos te han puesto en tu sitio en algún momento de la vida.

Sin duda. Le concedo una importancia absolutamente primordial al hecho de que uno tenga amigos que estén al tanto y te puedan decir las cosas. Y es tan importante que te lo digan, como que tú sepas escucharlo y tomar nota. Lo peor que puede ocurrir es no prestar atención a las señales de la ruta. A veces se está tan centrado en seguir la línea recta que no te sales de ahí. Y hay circunstancias en la vida en las que está bien que alguien te diga: te has saltado un stop; ¡oye, que es un semáforo rojo, no lo ves! A veces hay que parar, ceder el paso, disminuir la marcha. Por eso es importante que alguien a quien quieres te lo recuerde. Entonces tomas muy buena nota.

Tu primer recuerdo del vino

Se produce con 7 años. Fue la primera vez que mi madre me dio una botella de vino de Savín o Casa, dos vinos que se bebían antes, allá por el año 66, para que fuera a la bodega del barrio a por un litro. Lo sacaban de unas tinas muy grandes, lo que antes era el vino de mesa de la clase media española. En mi casa a veces, por Navidad, aparecía una botella. Pero ese olor de la bodega, ese taponcito de plástico amarillo, el sombrerillo de la botella, seguramente es lo que más recuerdo. Es más, esos tapones eran los protectores de los cromos con los que tuneábamos las chapas para jugar a carreras… por eso era importante que en nuestra casa se bebiera vino, para hacer así un equipo completo. No olvidaré ese olor de bodega de barrio, entre lo dulce y lo agrio, entre vino y vinagre. Estaba en la avenida de Bruselas de Madrid. De mayor asistí al cierre porque no se vendía el vino a granel y se cambió por un videoclub.

¿Y te produjo algún sentimiento ver el cierre de un lugar que tenía su sitio en tu infancia?

En aquel momento no me lo planteé. Pero lo más grande de todo esto es que, a lo largo del tiempo, ha permanecido ese olor como algo de referencia en mi vida. Alguna que otra vez, en alguna bodega pequeña, alguna que otra vez, sobre todo en época de vendimia, de elaboración, me ha venido ese recuerdo de infancia a la cabeza. El vino me ha trasportado a una reproducción muy cercana de mi niñez, la que tengo grabada en mi espacio emocional.

Tienes la buena costumbre de quedar con algunos amigos en un bar, comer algo rico, compartir una buena botella de vino y brindar.

Hay algo de reflexión en el brindis y el notario siempre es la copa de vino, el sonido de las copas al chocarse. El que toma la palabra en el brindis reflexiona sobre por qué y con quién quiere compartir ese líquido. El brindis es una exposición de las razones del vino y hay también algo de compromiso a la hora de utilizarlo como notario. Eso lo convierte en algo mucho más importante que el propio líquido. Haber perdido alguno de esos rituales hace de la gastronomía algo casi tendente a lo raquítico. La gastronomía sin discurso, tanto el arte de beber, como de comer, se convierte en artesanía y pierde la capacidad universal de poder modificar el mundo.

¿Con qué persona compartirías un vino? ¿Por qué?

Bueno… afortunadamente, cada vez que abro una botella de vino, mi hijo (Juan) gusta de probarlo. Pero he descubierto, afortunadamente, que la persona con la que quiero compartir todo es ¡mi mujer! (Risas).

¡Eres un sabio!

No, no, no lo soy. ¡Y si oye la entrevista! (Muchas risas).

En cualquier caso, es una muy buena elección

Sí, la verdad. Es una de las cosas más grandes que me ha pasado en mi vida y que seguramente me está ayudando a pensar cómo lo hago últimamente. No es que piense distinto, pero tengo la sensación de que sí puede ser posible que en los últimos años esté afinando ese discurso hacia otros terrenos, muchísimo más de observar y dejarme sorprender por la vida, que de tomar impulso. Yo ya no quiero empujar la vida. Quiero que la vida me empuje.

¿Es cierto que te pidió matrimonio en público?

Sí, sí, claro, claro. ¡No me pude negar! (Muchas risas). Mi mujer y yo compartimos esta pasión real por el arte de comer y beber, por el arte. Hacer de nuestra vida un espacio de felicidad, pero sobre todo, de entender la vida como compartir. Creo que eso hace que nuestra relación sea tan potente.

Sigues manteniendo aquello de “Comida, teatro y sexo…” El orden de los factores, ¿altera el producto?

Por supuesto, lo sigo manteniendo. (Risas). A mi edad, ¡el orden es fundamental! Comenzamos con el teatro, seguimos con una buena gastronomía y culminamos con el sexo.

También señalabas en su día “Me gusta el vino lo suficiente como para no hacer de mi vida un drama”. Lo que no significa huir del dolor.

Absolutamente. Con toda seguridad hay que afrontarlos, hay que vivirlos, y a ser posible, por elegancia, hay que intentar que no se nos noten. Si puedo celebrar la felicidad, lo prefiero antes que hacer una apología de la infelicidad. Mientras tenga motivos por los cuales ser feliz, desde luego, lo voy a hacer.

Vivanco es un proyecto familiar, de sincero amor al vino, con el compromiso diario de transmitir la Cultura del Vino… ¿Qué herencia te han dejado tus padres?

Afortunadamente mi madre sigue conmigo. Su presencia es su herencia. Mi padre, que ya no vive, me dejó la ética y la honestidad como valores indispensables en cada momento.

¿Y cómo padre que te gustaría dejar?

Absolutamente el mismo legado a mi hijo.

Tras dos años en la Universidad de Derecho, cambias al Arte Dramático… ¡Una retirada a tiempo es una victoria! Mis primeros recuerdos tuyos como actor, quizá porque en mi casa vivíamos esa circunstancia, era tu papel como Cosme, que opositaba a Notarías. Un opositor simboliza la gran cultura del esfuerzo.

Tuve una enorme suerte de interpretar esa serie y ser dirigido por Antonio Mercero, de trabajar con Carmen Elías, Irene Gutiérrez Caba… Ahora, cuando veo referencias de Turno de Oficio, y veo en la foto a los tres abogados, a mi madre, siempre acabo pensando en Carmen, porque sólo quedamos ella y yo. Le debo mucho a esa foto. No es sólo una serie, creo, de excelente calidad, es un recordatorio de muchas cosas. Lo mismo que hablábamos ahora de mi padre, de mi infancia, Juan Luis Galiardo e Irene Gutiérrez me recuerdan que esta profesión de autores es súper esforzada, que no hay que perderle la cara nunca. Cuando crees que lo sabes todo, todavía no has empezado a aprender.

No tuviste miedo, qué nos paraliza en la vida, y optaste por tu vocación: el Arte Dramático. Podrías haber acabado en la vida real interpretando a Cosme.

Lo que más paraliza es la mala conciencia. Hay personas que no pueden vivir la vida con intensidad porque tienen mucho que ocultar. Yo no soy de esos. Creo en la transparencia, andamos muy necesitados de ella y, si uno lo aporta al discurso vital, es impagable. Respecto al segundo punto, uno nunca sabe: la vida te puede llevar por muchos caminos cuando realmente no sabes para qué has nacido. Seguramente me habría dedicado a la gastronomía y el vino, porque me apasiona tanto como ser actor. Valoro enormemente a la persona que se levanta por la mañana, mira el cielo y produce. Vamos, siento por ellos un respeto imponente.

Un país para comérselo (2010-2012)… ¡Qué manera tan natural y deliciosa de descubrir la diversidad de España!

Sin duda. Hay una cosa maravillosa que sigo defendiendo y es que nuestro país es muy difícil de entender y de entendernos, porque coinciden muchas culturas. La única manera en la que nos todos nos sentimos vinculados a escuchar, más que a hablar, es en la gastronomía.

¿Qué sorpresas te ha dado este país a través del sabor?

Seguramente, la gran sorpresa me viene del mar, que es el territorio desconocido por antonomasia. Seguramente de lo más excitante a la hora de descubrirlo nos viene dado, fundamentalmente, por un cocinero que es Ángel León, por toda una pléyade de colaboradores que en todos los terrenos se agrupan en torno a su cocina. Pero afortunadamente cada vez que voy por España y veo… cuando descubrí hace tres años los pimientos asados de Tormantos dije ¡yo he nacido para probar esto, me estaban esperando! Ya no puedo vivir con la idea de perder estos pimientos. Cualquiera que me oiga pensará que me he vuelto loco. Vosotros que sois riojanos lo entendéis. Pero imagínate que voy por el mundo seducido por los pimientos de Tormantos…

 

¡Pues si te han llegado hondo!

Es que hay determinados productos y vinos que cuando los descubres… Los pimientos, o el Escondite de Ardacho. Es más. Voy a hacer patria ¡y me da igual que se me vea el plumero…! La Colección de Varietales Vivanco es ¡una joya romana, es un prodigio del gusto por dentro y por fuera! Es una maravilla y me siento muy identificado, aparte de con su generosidad, con el cuidado del mensaje. Cuando uno tiene la botella en la mano, sabe de qué va.

¿Alguna vez se te han caído las lágrimas en una comida?

Sí, muchas, pero muchas veces. La última vez que he llorado de verdad fue en el Celler de Can Roca, cuando Pitu me explicó en su bodega su pasión por las zonas, por los sonidos, por la evocación. Es un poeta del vino y me hizo llorar. ¡Luego sus hermanos se encargaron de hacerme llorar aún más en la mesa! Mi mujer y yo, al volver al hotel, en el taxi, seguíamos llorando: por lo que habíamos vivido y por tanta sabiduría compartida. Es un acto apasionante, una experiencia amorosa, de entrega y recepción.

Un menú para seducir. Lo tienes muy fácil.

Para empezar un marisco carnoso. Unos berberechos naturales grandotes, al vapor, y cada uno con su aliño. Seguiría con un ave magnífica, porque soy un apasionado. Me gustan todas. Pero mi ave, con la que más me identifico, es el pichón. Haría dos cocciones: para la pechuga, las marcaría a la plancha; y los muslos, seguramente con una salsa española o al chocolate. Tras la carne, seguramente caería en brazos del bacalao. Y haciendo de la gastronomía un arte sensual, me tiraría a por las cocochas por su melosidad y por esa manera por la que uno mueve constantemente los labios para apreciarlas.

Definitivamente cambio el menú. ¡Estoy a punto de irme a la pescadería!

(Muchas risas)

Uno para cerrar un trato o fomentar la cultura

Anchoas en salazón bien limpitas, bien carnosas. Taco de salmón ahumado artesano y champange.

Y uno para acabar con el enemigo

Mira, al enemigo ni agua… Le pondría frente a una nécora. Frente a ella, o se sabe, o no se sabe. Alguien que no sepa va a poner de manifiesto todas sus carencias. Y es más, seguramente se cortará los dedos. Pero al enemigo, ¡ni agua!

Repasemos la vida con la excusa de tu faceta de actor

Cuéntame cómo pasó … ¿Los saltos generacionales son siempre tan acusados?

Sí. Pero hoy en día internet ha acercado a todas las generaciones. Permite a los jóvenes avanzar mucho más en el saber y a los mayores nos da una lección de humildad al descubrir que saben más que nosotros por la tecnología.

Atrás ni para coger impulso. Y un paso adelante para…

Nuestro país entendido como una casa necesita una reforma integral, sin ñapas.

Camino de Santiago (1999) ¿Solo o acompañado?

Siempre acompañado. Es cierto que en el camino y en la ruta hay que salvaguardar ciertos espacios de silencio y reflexión.

Famosos y familia (1999) ¿Con qué te quedas?

(Risas). ¡Con la familia! No te quepa ninguna duda. No le hago ascos ni a la popularidad, ni a la fama. En absoluto. Y agradezco una barbaridad que se preocupen por uno. Pero nunca he sido persona de disfrutar de estos fenómenos. Soy más de la intimidad.

Qué Hermanos de leche (1994) te ha regalado la vida

Afortunadamente, tengo tantos buenos amigos… Alguien como Javier Ruibal me emociona. Si tengo que elegir un hermano de leche, que sin ser mi hermano de sangre sea tan potente como un hermano, te diría que Bernardo Sánchez Salas.

¿Cómo son las Chicas de hoy en día?

(Risas… y categórico) ¡Mucho más guapas! Fundamentalmente mucho más guapas, son guapísimas. A lo mejor lo veo con otros ojos, pero las amigas de mi hijo, las chicas que dejan la pubertad y están empezando la juventud activa, con 18 años, son una maravilla porque además se saben mucho más independientes, se saben en el sitio que les corresponde, se hacen valer. Más que en mis tiempos… hemos mejorado una barbaridad.

Dices de tu madre que como buena Géminis tiene esa doble personalidad”, que sabe esperar y no es explosiva.

La paciencia… Yo no soy muy de fútbol. Pero hay una frase que lo define y dice que “hay que saber pisar el balón.” Tomar todo con ese punto de tranquilidad.

Pero que a ti te dejo explotar, explotar y explotar

Sí. (Muy serio). Sí. Yo creo que lo permitió. Dejó que las cosas ocurrieran, por su propio peso. No forzó nada, ni a favor ni en contra. Mi madre es una persona absolutamente decisiva en mi vida.

Y tu padre, con ese cambio personal tan bonito tras la jubilación. Tu obra “Conversaciones con mamá” también es en realidad “Conversaciones con papá”

Tuve la suerte de que mi padre, ingeniero, comenzara a trabajar conmigo cuando se jubiló. Fueron quince años de una relación maravillosa. Maravillosa. En ese sentido la vida me ha quitado lo importante cuando me lo tenía que quitar. No soy quién para plantearme si me merecía, o me merezco, que la vida me quitara a mi padre tan joven (a los 70 años), ni a mi hermano, que hace apenas dos años que falleció. Eran dos personas enormemente importantes en mi vida. Y eso me ha obligado a tener que vivir con los recuerdos. Por ello, ante la fragilidad de la vida, creo en la máxima carpe diem.

Si os apetece conocer un poco mejor a Juan Echanove ya lo sabéis, no os perdáis este sábado #ManerasDeContar la #CulturaDeVino, con actividades familiares a partir de las 18h. y charla coloquio de 20 a 21h. Aquí podéis ver el video resumen de nuestra última invitada, Paula Bonet.

Podéis comprar vuestra entrada aquí: http://vivancoculturadevino.es/es/reservas/

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